Alicia en la jungla humana

Deliciosamente encerrada en medio de las montañas a Alicia le encantaba vivir en Quito. Aunque no de nacimiento, su corazón había tomado ya raíces con el suelo capitalino. Generalmente lo que más disfrutaba era el recorrido hacia el café donde era mesera, ubicado en la Mariscal. Alicia sentía que ese sector le mostraba todos los días una jungla de individuos, tanto inocentes como culpables que sólo en las noches adoptaban sus formas reales. No fue entonces extraño que “El Vampiro”, cómo le llamaban a un brujo del lugar, haya sido el primer acusado de su desaparición.

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