Nunca he escrito poesía

Lo que hago nunca fue poesía para llorar, más bien recortes urbanos de una vida. Un testimonio imborrable de impavidez. Un recuerdo mudo de aquel amor imposible. Palabras claras y reflexivas como las de coro que se escuchó con un porro encima.

No le sentía lejos a la inspiración ahora, siempre recordar que tenía que ser paciente y sensata, ingeniosa sobre todo, coherente en lo posible. Ingredientes más que comunes. Pero seguía recurriendo a él a veces, recordar momentos vividos. Pasiones inhibidas y edificios estructurados. Recorriendo las calles de todos los días, tratando de saborearlas diferente. Nunca me consideré una persona positiva, pero las palabras llamaban esa parte de mí. El lenguaje era bello por naturaleza, le quitaba la parte oscura a la humanidad. Le quitaba la parte sanguinaria a él. Ignoraba hoy como siempre que viene mañana, pero mi historia se seguiría escribiendo, sino por mí, sola. Lo único que sabía era que no moriría un domingo.

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