Jugar por jugar

Hay días en los que sinceramente parece que nada funciona, pero no porqué amanecimos peleados con Buda, San Pedro o Dark Vader (cada uno es libre de adorar a quien quiera) sino porque amanecimos pensando en alguien en quien no debemos pensar. Ayer fue así.

Primero que todo voy a culpar a las redes sociales, o más específicamente al chismógrafo… ups, perdón, facebook. Haciendo memoria, recuerdo que creé mi perfil cuando estaba de moda el hi5. La deje con la misma foto e información básica como por seis meses hasta que el hi5 se volvió una porquería… fue ahí que descubrí las “bendiciones” del carelibro. Ahora todos tienen facebook, incluso los ex de los que no queremos saber nada pero que en su época te llenaban el muro de comentarios románticos y te taggeaban en las fotos.

Ayer cometí el error de entrar al face de ese ex, el que no debería ver. El que tiene la foto con su actual novia como foto de perfil y toooodo un álbum de fotos dedicadas a los dos. En realidad es hasta un poco ridículo si me preguntan… pero logró su cometido en mí. Me desanimó terriblemente. Inmediatamente vinieron los lapsus de memoria. Cuando aparte de álbumes de fotos compartíamos experiencias y amigos.

La faena del carelibro en este caso fue auxiliarme tanto en olvidarlo como recordarlo. Una especie de odio-amor. Cuando todo se acabó fue por ese medio que me enteré que regresó con su ex novia. Nunca fui del tipo acosadora, nunca revise comentarios ni updates en su muro cuando estábamos juntos. Abruptamente después de terminar surgió mi espíritu stalker y ya que el innombrable no vivía en el Ecuador se convirtió en la única manera de saber que hacía. El facilitaba bastante las cosas, él es de los que actualizan el estado cada tres horas y pone fotos hasta del grano que le salió ese día en la cara. Finalmente tomé la decisión de borrarlo.

Hace un par de semanas se cumplió un año de lo que terminamos. Ahí empezaron otra vez los flashes mentales, los lugares, las nostalgias. No ayudó en lo absoluto que en la reunión a la que asistí en la noche había muchos amigos que formaban parte de la misma organización por la que nos conocimos. Jugamos uno de esos “drinking games” cuyo único fin es el de que todos se besen con todos. El conocido en los bajos mundos como “Colombian kiss” se trata de tener arequipe y aguardiente (colombianos por supuesto) y se pone arequipe en algún lugar comprometedor de la otra persona (cerca de labios, el cuello…) y el elegido tiene que limpiar todo lo de arequipe que este sobre la otra persona y luego tomar un shot de aguardiente. El fin fue bastante predecible, el limpiar el arequipe requiere  lengua… la lengua termina en besos malditos. ¡Todo de nuevo! Volvió a mi mente como llegaría el primer sorbo de un batido helado al cerebro, porque yo probé aquel dichoso juego por primera vez con él.

Por suerte no duró mucho. Terminé por dejarme convencer de otro, el recuerdo se comenzó a disipar. Ahora aparte del chuchaqui si permanece un poco del dolor y algunas fotos guardadas en mi laptop, pero la vida sigue y como diría el maestro Sabina

“La vida no es un block cuadriculado
sino una golondrina en movimiento
que no vuelve a los nidos del pasado
porque no quiere el viento”

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