Afterparty

Cerró la puerta detrás de él dejando en silencio la habitación. Ella observó cada uno de los pasos que dio desde que se levantó de la cama, se vistió y se fue. Al escuchar el sonido de la puerta Sofía suspiró… finalmente le decía adiós.

El sentimiento en ese segundo se convirtió en asco, ya no lo buscaría más… no lo necesitaba. Después de esa noche lo único que pudo comprobar es a lo que era capaz de reducirse con la presencia de esa chica, fue y será el amor de su vida definitivamente. Aunque era consciente que sus besos y sus noches le pertenecieron un momento.

Pero esa noche Sofía lo vió convertirse en un vil títere, podrido tal vez por el uso, pero del que todavía servían las articulaciones. Por eso ella lo seguía utilizando. Perdiendo todo el valor que Sofía le dió. Mostrando lo débiles que habían sido las bases de esa historia, ya que en un instante él la desechó.

Esteban invitó a bailar a Sofía esa noche, no de manera oficial pero en ese tono amistoso que sostenía en público, que cuando estaban solos se convertía en ternura. Se despidió de ella con un cariñoso abrazo diciendo

-Tienes que ir… Te espero…-

Finalmente asistió, no con la intención expresa de verlo, aunque en el fondo esa noche quería estar cerca de él. Los recuerdos de los días compartidos venían repentinamente a ella, para ver si recorriendo uno a uno los instantes pasados juntos podía borrarlos desde el principio. Como cuando hicieron el amor por primera vez, justificándose en una falsa borrachera, escondiéndose en esa libertad que proveía el alcohol. Sofía no estaba tan ebria, sabía que él sí, pero lo disfrutó. Disfrutó sentirlo de una manera en la que nunca lo volvería a hacer. En ese espacio en la que lo tenía sólo para ella.

Cerró los ojos y se dejó caer en la cama recogiendo sistemáticamente la sábana para luego cubrirse, pensando, mientras su cuerpo y cada uno de sus sentidos luchaban por mentirle. –No! No lo quieres!- se decía mientras lágrimas rebeldes corrían por sus mejillas descendiendo hasta el colchón rápidamente para luego volver a formarse en la comisura de sus ojos. –Tengo que olvidarlo- se dijo finalmente cuando logró poner un poco de control a la ansiedad que la acogía.

Y sintió nuevamente odio, de esos inexplicables que nacen de las entrañas y se pegan a ti cómo pulgas chupándote la sangre. Sintió como se desangraba la herida que Esteban le dejó en el corazón  y en cada gota de sangre que se escurría desaparecía un poco de ese cariño construido, convirtiéndose en lodo al caer al piso.

El día anterior también pasaron la tarde juntos, él casi no la nombró, Sofía no quería que lo haga. Tampoco pudo soportarlo, hasta que por su propia iniciativa le preguntó.

-¿Has hablado con Claudia?-

-Sí, la llamé el martes, estuvimos conversando de nosotros y de lo que habíamos hecho este último tiempo desde que terminamos-

-¿Y está todo bien?-

-Sí la verdad… las cosas están mejor ya, después de todo concluimos en que las cosas por ahora están bien así, preferible continuar un tiempo distanciados para luego ver si la relación continua-

Su corazón se apretó en su pecho, repitiendo lentamente  en sus pensamientos lo que le acababa de decir, mezclándose con el recuerdo de lo que le dijo Lola esa noche en el bar –Te lo voy a decir una vez cómo amiga, y espero que me escuches- -Olvídalo! Nunca se va a separar de ella-.

Se movió lentamente buscando el control remoto del equipo de sonido, con paciencia encendió la radio buscando música. En la soledad del cuarto la voz de Emiliana Torrini resonó oscura. La cama olía a los dos todavía, cómo tentándola a volver en un viaje a los recuerdos compartidos. Las lágrimas se mantenían, pero no quería volver a pensarlo. Simplemente se durmió.

Despertó mientras anochecía, en un estado confuso donde no recordaba si era un sueño o una pesadilla lo que sucedió… pero la sangre que empapaba las sábanas cerca de la almohada donde reposaba su cabeza la hizo reaccionar. Se volteó repentinamente y confirmó con calma que el cuerpo de Esteban seguía ahí, lívido y estático. La sangre brotaba cada vez menos de la herida que hizo el cuchillo en su pecho. Se volvió a dejar caer en el colchón, ahora ya nada la molestaba. Ni la pesadilla en donde Esteban la dejaba después de haber hecho el amor por última vez, para volver con su ex enamorada. Mirando el techo recostada boca arriba, buscó la mano de él a su lado. La apretó en un gesto casi natural, mientras esta se mantenía inmóvil.

-¡Tienes las manos heladas! ¿Tienes frio mi amor?-

Y lo terminó de cubrir con las cobijas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s