El fantasma de Mateo

La noche empezaba a asomarse tímida por la ventana mientras la fiesta continuaba, fue una de esas fiestas que no se planean que terminaron en un éxito. Desde que Lulú vivía sola no había planeado algo una sola vez, trataba de alguna manera acostumbrarse a su soledad y cada oportunidad que tenia permanecía en casa tranquila o viendo una película después de lo cual reflexionaba en silencio de lo que acabo de ver.

Ese día la había invitado Mateo, ese amante, amigo, conocido que todavía no alcanzaba a definir, ella fue a la reunión con la profunda intención de estar junto a él y recibió lo mismo que recibía cada vez, que la ignore.

Pero el resto de los amigos ahí estaban prendidos, se contagió de esa energía y quiso continuar la fiesta. Los invitó a su casa, -la soledad compartida era más linda…- pensó. Ya en su departamento por fin vio interés en Mateo, interés que ella sabia podía solo venir del deseo de poseerla después o de permanecer junto a ella unos minutos solos para ver que pasaba.

Esa dualidad le gustaba, el saber y el no saber que podía pasar, Lulú sonreía al pensar en si lograría besarlo al final de esa noche o de tenerlo en su cama junto a ella. Posterior a su primer encuentro habían hecho el amor algunas veces y tanto en él como en ella quedaba de trasfondo esa idea cada vez que se veían.

Bailó, bebió y por un momento no tan largo lo olvidó, aunque se mantenía cerca, atento. Después de un par de horas se despidió, Lulú pudo por fin disfrutar sin él cerca el nudo de la garganta desaparecía. La fiesta se alargó hasta la madrugada y mientras pasaban las horas Mateo que había prometido volver no aparecía. No hubiera sido raro que no vuelva, si eso era en la vida de Lulú, un fantasma que aparecía y desaparecía.

Todos se fueron, sola otra vez una lágrima escapó de sus ojos, en ese momento el sentimiento abrumador no parecía entender razones. Y volvió finalmente, la casa oscura no le hizo cambiar de opinión y timbró, Lulú contestó el auricular y abrió la puerta. La noche concluyó entre ellos dos, y las estrellas que fueron testigos de la cumbia que sonaba al fondo del cuarto.

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