Al ritmo de su aroma

Elisa sabía que esa historia tenía fin. Tal como la deliberación de un grupo de jueces en un juicio. Era de esas leyendas que tenía un final determinado, o era culpable o inocente. De igual manera el tiempo ya venía escrito en el contrato.

Cuando lo conoció no esperaba que las cosas lleguen a tanto.. o si.. en todo caso se lo seguiría preguntando, el porqué siguieron. El tiempo junto con otros factores que para su beneficio jugaron en contra de todo incluso, no fueron un motivo para no insistir.

Era su mayor defecto y característica, siempre se lo dijo su madre, terca y necia. Si algo se le metía en la cabeza era muy difícil que no lo haga. O podría desaparecer un día repentinamente la idea o permanecería hasta que la logre realizar. Aún así a pesar de todo la relación siguió. Se iba abriendo paso entre recuerdos que se alzaba como montañas rocosas e inexploradas. Siempre existiría un pasado, todas sus previas relaciones le dejaron eso de moraleja. Y entre recuerdos de su ex enamorada y los repentinos deseos que tenía en ocasiones Elisa de llamar a alguno de sus ex novios siguió.

Pero esa noche fue diferente. Salió de su casa consciente de que lo quería, no tenía porque no serle fiel si hasta ahora lo había sido. Era el único recurso del que disponía, porque tratar de adivinar si él lo era o no era imposible. Hasta que lo vio. Era uno de esos hombres a los cuales no podía resistirse. De los que siempre se cruzaban en la vida de una mujer y la dejaban irremediablemente marcada. Lo sintió desde lejos. Su aroma se percibía a metros de distancia, de hecho fue uno de los primero motivos que hicieron que regrese a ver hacia la puerta del bar.

Mezclado con las voces y el aroma a cigarrillo, Elisa percibió una esencia entre dulce y maderosa que hizo que voltee casi inmediatamente. La presencia del individuo, simple pero contundente, retuvo su mirada por varios segundos.

Vestido sencillo, con un jean y una camiseta, reflejaba un poder en su rostro que le daba el aire de la vida. Ese aire de los que han experimentado y todavía no saben que quieren pero que puedes suponer que va a tener muchas historias que contar. Tenía el cabello hasta los hombros acomodado de una manera en la que no quería mostrar que le importaba el peinarse pero era seguro que si lo había hecho. No aparentaba en lo absoluto su verdadera edad que oscilaba en entre los 22 y 28 años.

Elisa tímida como solía ser lo llamó con miradas furtivas, las mismas que él no parecía notar. Lo observó bailar esa noche con cinco chicas diferentes, acercándose a ellas de una manera en la que sabía que irrumpía su espacio personal pero que sabía lo que estaba haciendo. Fue casi al final de la velada cuando la vio, ella bailaba alegremente con María José. Sus movimientos eran en ese momento más sueltos, quizás por el efecto de los tres shots de tequila que se había tomado. Se le acercó poco a poco, pasando entre la gente, seguro de hacía donde iba. Elisa como en otros momentos que perdía el control empezó a respirar más fuerte. Sus amigas lo notaron la tranquilizaron exhortándola a que disimule. Se puso frente a ella y le preguntó directamente mientras la miraba a los ojos si quería bailar con él. Ella no lo dudo un segundo.

No dejaron de bailar los dos toda la noche, poco después las amigas la llamaron para avisarles que se iban, pero Elisa no se fue con ellas. Basta poco para decir que ese baile terminó en la cama de él.

4 pensamientos en “Al ritmo de su aroma

    • mmm puede que sea salsa o cualquier otro tipo de música… pero en esencia era el ritmo de su aroma🙂. Cada uno escoge lo que quiere que sea.

  1. Delicioso ser parte de este baile con tan sólo leerlo. Disfrutable en aquél punto de querer un poco más de esta historia. Y con las inmensas ganas de seguir leyéndote. Allí estaré.

  2. Hay noches donde los bailes originan que las chispas salten y no solo la pasión se desate también hay corazones que se encienden y a través del roce y movimiento de los cuerpos, los labios quieren besarse y los ojos mirarse, las noches se alargan y se vuelve difícil despedirse… Ay como cuesta…

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