La ciudad de metal

Era la instrucción, dispararles al menor signo de felicidad. El entrenamiento los primeros años fue difícil, lo más complicado era enseñarles a las tropas que olviden que tenían corazón, pero la modernidad facilitó el trabajo.

El origen de la masacre y de la crueldad hacia la prevía sociedad remontaba de siglos, antecedentes casi olvidados en las clases de historia. Los niños crecían lógicos e insensibles a lo que pasaba en su entorno. Blancos y pulcros en internados, solo conocían lo que se les mostraba del mundo.

Al Mandatario (que estaba ya diez años en el poder) no le fue difícil descifrar que la libertad solo produce más necesidades a la humanidad. La libertad llamaba a los sentimientos. Había que erradicarlos. Era mas fácil manejar tropas de personas deprimidas, sólo así mantendría su poder intacto. Como estrategia una vez al mes a modo de festejo les ofrecía una fiesta maldita, con alcohol y drogas, donde arreglaban secretamente las dosis para los rebeldes que morían de sobredosis.

Lorena se encontraba… no feliz o triste, se encontraba, en aquel lugar, en aquella civilización, a sus 25 años de edad. Lejos de todos los seres que “debía querer”. Eventualmente recordaba cuentos de su abuela, de cuando el mundo era “mejor” pero creía en su mandatario, la ausencia de sentimientos era definitivamente más fácil. En ocasiones lo que mas curiosidad le producía era el concepto de amor que manejaba su abuela, era complicado entender, porque simplemente no podía ser definido.

Tenía entre sus antecedentes un par historias, los procesos de “apareamiento” eran diferentes en el año 3000. En su biografía gran parte de individuos fueron desconocidos de los que más disfrutó su compañía, siempre sin mayores complicaciones. Casi todos los habitantes de ese mundo tenía protocolos, al final había una meta que cumplir, una lista de procesos casi matemáticos que concluían en un arreglo de reproducción del que ella no quería participar.

Pero Manuel despertó en ella algo, no quería que lo haga, vivir como hasta ese momento era simple. Afortunadamente el efectó pasó, Manuel resultó ser uno de los rebeldes, el Mandatario lo descubrió. Ella fue la que disparó el arma que lo aniquiló finalmente.

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