El último vals

Las luces de la pista la cegaron por un momento, el toque de su mano era lo que mantenía sus pies en la tierra. Era su última presentación. Las palabras de Patricio quince días antes rondaban por su cabeza:

-Tu ya no estas para campeonatos, podrías dedicarte a ser profesora-

-Pero… tengo todavía mucho que dar-

-Hay esta nueva estudiante en mi academia que ha demostrado tener mucho talento-

Patricio había sido su pareja de baile por quince años ya. Su carrera impresionante debatía las afirmaciones de él. Mariana empezó a bailar desde los nueve años, preparándose para campeonatos y ganando un par de medallas pero en concursos nacionales. Fue a sus quince que él la descubrió. Mariana se mudó de casa y había una academia que baile cercana, el director era Patricio, casi 15 años mayor, pero no fue impedimento para que mantengan un romance clandestino hasta que cumplió la mayoría de edad.

-Tienes mucho potencial, las competencias nacionales son muy pronto. ¿Quisieras participar como mi pareja?-

No lo dudó ni un segundo, que bailarina en sus cabales diría que no. Era un esfuerzo físico mil veces mayor y económico ya que debía mantener una alimentación especial y entrenar aparte, pero no podía negarse. Patricio Meneses a sus treinta años tenía tres medallas de oro, ganadas en competencias internacionales y más de cuarenta competencias a su haber. El detonante de la relación fueron las largas horas de ensayo. Casi siempre se iban todos y permanecían los dos.

Para esa primera competencia juntos participarían en los bailes de salón; tango, fox trot, vals. La aplicación de la técnica era más compleja, los pies tenían que moverse con facilidad y agilidad sin perder gracia y elegancia. El vestido se mando a hacer a su debido tiempo. La  compenetración no solo en la pista de baile fue evidente para todos, incluso para la esposa en aquel momento de Patricio que hacía las veces de contadora de la Academia. No desconfió hasta que él mismo se lo confesó una noche que se fue de copas y regresó a su casa alegando amar a Mariana. Su esposa que finalmente no resultó ser su esposa sino su conviviente desapareció con una pequeña hija de dos años y no regresó.

Patricio fue para Mariana ese primer amor que se idolatra, el que se pone en un pedestal. Su compañero de baile, su maestro, su mentor, su amante… su juventud pasó rodeada de luces de salones, largas horas de ensayos, música, baile. Sus padres que vivían en una situación holgada económicamente la apoyaron con el único requisito de que acabe la secundaria. Luego podría bailar hasta que muera.

Su vida pasó entre pistas de baile y él. Diez años después ella era la madre sus dos hijos, aunque nunca perdió ni su figura ni su flexibilidad. Eran la pareja ganadora, aunque por su edad ya no bailaban en la categoría que les daba más competencia. Entraron a la sección sénior y las competencias en tal categoría habían muy pocas en el país.

La magia y el romance con el tiempo fueron desapareciendo, lo de ellos se tornó una relación simbiótica perjudicial, no existían sin el otro, ni en la pista ni fuera de ella pero por momentos en discusiones llegaban a agredirse. Hace mucho que superaron las palabras groseras, los diálogos eran ahora ofensas, amenazas, incluían golpes. Aún así en la pista de baile con las luces y el maquillaje y vestido espectacular de Mariana no había diferencia. Sus pies se movían a un ritmo y coordinación tal que parecían venir de un mismo cerebro, habían ganado más de 7 medallas juntos, solo tres de plata.

Para Mariana que Patricio la cambie ahora era una traición. Ella con sus treinta y ocho años de edad ya cumplió la madurez en el baile de competencia, él como si el tiempo no existiera mantenía su piel lozana y su cuerpo duro, ágil, dispuesto. El quería ganar más batallas, ella ya no era la compañía que requería. La previno al decirle que esa era su última presentación juntos. Ella no soportó la idea, no podía dejar que la cambie, pero él era el campeón, el seguiría cosechando éxitos. Ella no tan lozana todavía tenía el porte pero no la agilidad, no la misma energía.

En todo caso no se la haría fácil, quería que si ella partía él la extrañe. Que sienta que la está dejando sin vida, que guarde con especial cariño las fotos de los años que fueron pareja de baile y pareja en la cama cuando la única música que escuchaban eran sus susurros y gemidos. Fue por eso que buscó un veneno de efecto retardado, su salida sería triunfal, el único acusado de su muerte, Patricio. Bebió el brebaje maldito que contenía diferentes tipos de drogas en dosis espectaculares dos horas antes. El efecto vendría lento, doloroso, pero haría completo efecto tres horas después, justo en medio la competencia.

Su plan resultó pero antes de lo esperado, llamaron a las parejas a las pista. Mariana caminó digna y etérea sobre la pista de madera lacada luciendo un vestido blanco sin espalda y con flecos. Estiraron las manos para acomodarse, el golpe maldito del veneno la dobló sobre el piso. Marco cayó arrodillado al suelo y sostuvo su cabeza pero era tarde. Su mirada le trasmitía el resentimiento de años de dedicación, deseándole irónica suerte con su nueva pareja de baile, de su boca espuma blanca no dejaba que salgan palabras. Y simplemente se desplomó…

2 pensamientos en “El último vals

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s