El amante amaestrado

Lo que más disfrutaba era dormir a su lado, buscar el lugar exacto entre las curvas de su cuerpo en donde acomodarse completo sobre ella. Sabía en el punto exacto donde podía calentarla y paciente descansaba junto a ella, sigiloso, atento, en silencio, en espera de una palabra. Ella terminaría por notarlo.

A pesar de que muchas veces se sentía casi como un mueble en su casa, era consciente que él era el único dueño de Sara, el único que a pesar de todos y cada uno de los que visitaron su cama permanecía. Conocía detalle a detalle sus costumbres en la mañana y las observaba como si fuera una obra de arte, el arte de venerarla. Sara lo observaba mientras la seguía, era el testigo de su vida y el compañero de sus lunas. Él, dueño de ella por dos años ya.

Su táctica inicial fue completamente inocente, sin juegos y pretensiones, tenía que ganarse su cariño primero. Sólo cuando los dos entendieron que se pertenecían mostró su verdadera identidad.

Muchos podían decir que su estilo de vida era vacio y simple, aunque la simpleza era la última de sus características. Enigmático y arcano, su presencia lo expresaba todo. De modales casi perfectos, al punto en el que Sara toleraba sus repentinos arranques de locura. Rara vez le gritaba o insultaba, no podía argumentar bajo ningún motivo que tenían una mala relación. Los días que Sara llegaba agotada del trabajo conocía su labor, recostarse al lado izquierdo de la cama, callar y acariciarla dulcemente. Tampoco existía entre ellos roles, Sara siempre fue una mujer irreverente. La que mantenía el hogar era ella, no le avergonzaba aceptarlo y es más se regodeaba en este hecho. Él solo tenía que dedicarse a ser.

Aquella noche la rutina erigida por los años de convivencia no fue diferente, esperó a que llegara de su trabajo, observándola ajeno desde la esquina desde donde descendía del bus. Caminó a su derecha y maullando entró a casa junto con ella y a la medianoche se acostó ronroneando a sus pies.

5 pensamientos en “El amante amaestrado

  1. Muy chévere relato Andre. Es deseable que la gente tenga algo de gato o gata, de acompañante silencioso, de depositario de caricias, de huraño perseguidor de enredos.😉

  2. Un empalme de cuerpos amantes. Sólo una verdadera detallista del cat love puede llevarnos de la mano por sus letras, y sorprendernos con la misma sutileza con la que el gato nos puede llegar a engañar para que lo consideren amaestrado.
    Gusto mucho de este blog, y de tus gustos en general. Eres ese pequeño descubrimiento literario que siempre tendré que agradecer a Twitter. Y a esperar simplemente aquél tweet que anuncie nuevo post en este gran blog. Felicidades, salsera.

  3. Los gatos duermen a los pies para espantar las pesadillas, según las creencias orientales. Sin embargo, esto sólo aplica a los niños. Para pensar, eh???. 4 stars al post. Switch.

  4. Pingback: Mon chat-mari « Lentes rojos y viceversos

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