Casualidades

Se veía esplendida de violeta, ese color siempre le favoreció, ella lo sabía. Para el resto de personas que pasaban fuera del café y los veía sentados en aquella mesa no eran más qué una pareja que compartían su complicidad con un café. Mateo sabía que no era así, pero quería guardar esa sensación para sí. Su ego se lo pedía.

-Sé que ahora trabajas en el nuevo proyecto de género que está promocionando el Estado, ¡te felicito!.

-Sí, fue una gran sorpresa para mí, uno de mis ex jefes que me recomendó para el cargo.

El movimiento corporal de Isabel denotaba soltura, él no espera eso de ella, no en ese contexto, no en esa conversación. Su presencia, la manera única de ser de ella se adueñaba del lugar. Dos años de convivencia le habían permitido descifrarla, bueno, o al  menos eso creía. Saber en qué punto de la conversación se exasperaba y lo que más extrañaba, el rictus que se formaba en su boca en los momentos de placer… Pero era diferente en esta ocasión, esas expresiones ya no le pertenecía.

-¿Y en donde vives ahora?

-Al norte, en una pequeña suite, más que suficiente para mí y me queda bastante cerca de mi trabajo.

-¿Tu permaneciste en el departamento?

-Por motivos de trabajo tuve que viajar, no tuve tiempo de ver un lugar nuevo, luego cuando tuve tiempo, simplemente no lo hice.

La ruptura fue sonora y escandalosa, así como los primeros meses que compartieron. La diferencia es que al principio el ritmo de los sonidos venía del amor, después reinaron las discusiones, los todos graves, las canciones funerarias. Los dos abandonaron su departamento, primero él, lo dejó para ir a un hotel, luego ella cuando se fue con todas sus cosas. Tres años de convivencia parecieron poco ante la ausencia de sentimientos, finalmente solo quedó el vacío de las paredes que alguna vez fueran su hogar.

Marco nunca espero encontrarse con ella, no en aquel lugar, sabía cuando odiaba el cine de Hollywood. Fue una de las aficiones que él olvido cuando empezaron a vivir juntos. Después de muchos intentos le tomó gusto al cine independiente, con finales tristes, en idiomas qué no entendía. El verla sonreír era suficiente motivo para acompañarla en esas funciones.

Vehemencia era la palabra, era la única manera en la que podía describir lo que sentía por ella. Una mezcla áspera entre deseo, felicidad, amor y perversión. Todos los jueves día de cine, se sentaba junto a ella a mirar esas películas, sin efectos especiales, armas o sangre, en donde los personajes presentaban casi siempre diagnósticos de locura, amores no correspondidos y niños a los que le crecían alas de ángel. Lo que amaba era la expresión en su rostro, sobre todo hacia el final cuando todo volvía a la realidad y ella suspiraba al salir de la sala.

Marco guardó los jueves de cine, era su manera de rendirle homenaje, aún después de un año de sueños húmedos y despertares solitarios, ella seguía siendo la protagonista. Iba solo porque aún intentándolo ninguna otra compañera llenaba sus expectativas, no era la misma mirada, no era el mismo perfil que espiaba sin vergüenza entre las luces tenues de la proyección. El ir solo le permitía también un respiro a la rutina que se había cultivado como una infección sobre su alma.

A Isabel ese jueves también le apeteció ir al cine. Sola no fue su primera opción pero Camila, su mejor amiga le canceló y era el último día del film que ganó el Oscar, no era el género de film de su preferencia pero no quería perdérselo. A la salida se vieron de lejos y se acercaron a saludar. Marco fue el de la idea de invitarle un café, Isabel no puedo negarse. La conversación fue incomoda en un principio hasta que los dos empezaron a buscar en los laberintos de la memoria, pero sólo dudas vacías y superficiales fueron las que se autorizaron a emitir.

-Me alegra haberte visto Marco. Dale mis saludos a tu hermana y tu cuñado.

-Mucha suerte en tu nuevo proyecto, sé que no te esperan más qué éxitos.

Un beso en la mejilla fue su última acción. Mientras se alejaban por la vereda hacia diferentes direcciones Marco volteó a verla, ella sólo continuó caminando.

3 pensamientos en “Casualidades

  1. Los detalles de tus diálogos siempre me gustaron. Pero en esta oportunidad la simpleza se vuelve perfecta para la forma del relato. Cada post mejora mi opinión ya positiva de tu blog. Gran compañera tuitera y de las pocas que provoca que desee sentarme frente al ordenador a leer un blog.

  2. Me gusta la sinceridad y simpleza de los diálogos, pude sentir todas las emociones encontradas de ese reencuentro. Me encantó. Estoy muy contenta de estarte siguiendo en Twitter. Saludos

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