Mon chat-mari

Hace más de tres años llegó a mi casa traída por mi roomate una gata hermosa siamesa de ojos azules que le bautizamos Luna, su nombre le iba bien, era única. A lo largo de mis años de ser dueña de gatos aprendí a diferenciar ciertos rasgos en la personalidad de estos seres, incluso considerados mágicos que me han hecho quererlos tanto. La pequeña Luna, cariñosa y callada lo único que padecía era de mal gusto en escoger a sus novios y cuando se volvió una gata grande empezó a traernos hijos a la casa. Me ofreció desde experiencias lindas hasta algunas algo desagradables; como cuando fue a parir en mi cama alguna vez. Por su canasta desfilaron gatitos de todos los colores y sabores que íbamos regalando porque no los podíamos tener. En una última camada Luna al parecer encontró un novio que le correspondió, siamés como ella, y tuvo gatitos que desde pequeños con sus ojos cerrados te enamoraban. De entre todos hubo uno que resaltaba, era el más curioso, el más pilas y sobre todo el más peludo.

Mi amigo decidió regalarle a Luna, la extrañe a decir verdad, pero decidió también que nos quedemos con el (aparte de eso) único macho de la camada que era pilas y peludo. De espíritu travieso, porque eso tuvo desde pequeño, no se hizo querer mucho, tengo que decir que toda mi vida y en diferentes circunstancias he tenido gatas y la personalidad de un gato macho era una sorpresa para mí. Mi amigo le bautizó Doménico, nunca me gustó ese nombre y muy cariñosamente me empecé a referir a él como Gato (pero así con mayúsculas y tono dulce). Cuando era pequeño aún, vino de visita mi amiga Tifenn de Francia, aunque intenté explicarle y ella intentó pronunciarlo, nunca logró decir Doménico. Así que un día bromeando y después de compartir unas copas de vino con ella lo nombró Hipólito, llegamos a la casa lo llamamos así y respondió. Hipólito le quedaba, era original, era poético y sobre todo me traía a la mente la frase de Hipólito que Amelie Poulain lee en la pared cuando va por las calles de Paris.

“Sans toi, les émotions d’aujourd’hui ne seraient que la peau morte des émotions d’autrefois”

No fue una coincidencia, sobre todo porque ahora esa frase le queda perfecta a mi querido marido gato. No sé exactamente qué punto el Hipólito me adoptó. Creo que esperó el momento de conocer  todos en casa, establecer relaciones políticamente correctas y decidió un día sin avisarme que me adoptaba. Los gatos tienen esa característica especial de demostrarte que tú no eres su dueño y que ellos te adoptan, que vendrán a ti si tienen hambre o sed y demostrarte que no te necesitan. Pero él me lo demostró. Creo que esa fue la ocasión en la que dejó en la puerta de mi cuarto una paloma muerta de regalo.

Poco a poco me fue mostrando como era, algo celoso con amigos y novios que apenas conocía, detallista y sobre todo adquirió la capacidad de entender como me sentía. Tenía la extraña costumbre de despedirme cuando salía de casa con maullidos lastimeros como diciéndome “no me dejes” y esperar el momento exacto en el que llegaba en la esquina para acompañarme hasta la puerta. Claro, siempre con la condición de que él pase primero. Tenía que demostrar de quien era la casa. No creo que en un post alcancen todas las anécdotas de quien se convirtió en mi compañero. En el ser que cuando me escuchaba llorar se acercaba a lamerme con su lengua áspera o simplemente a escoger ese lugar en mis pies, que incluso me inspiro una historia.

Hay que decir que era un interesado cualquiera por ocasiones, dormía en la cama que se le apetecía por noche. Cuando alguna vez en el departamento fuimos tres, porque compartíamos con una amiga, se hizo íntimo de ella también. Cuando el sofá cama se ocupó de amigas y amigos colombian@s, mexican@s e incluso un cuencano le gustaba mostrarles a las visitas que él tenía diferentes horarios para dormir y los despertaba jugando. No fui la única que guarda marcas de rasguños en mis manos, pero siempre encontraba al final la manera de hacerse inolvidable.

Era mi fuente más confiable de referencia de otro ser humano, solía acercarse con facilidad a aquell@s que tenían buen corazón, con otros les tomaba un poco más de tiempo. Era mi filtro para novios, y sin decirles nada, pero con actitudes como ponerse entre nosotros cuando nos acostábamos a ver películas, reclamaba su lugar recordándoles quien era. Cuando definitivamente se volvió en mi compañero, y yo acepté ser completamente adoptada por él fue cuando hace no mucho viví sola por unos meses. Hipólito sabía hacerme sentir su compañia, nunca me dejaba acariciarlo o apachurrarlo con cariño cuando yo quisiera, sino cuando él estuviera de humor, pero en mis domingos era parte de mí. Muchas veces cuido incluso de mis amigas. Se madrugaba conmigo cuando me quedaba trabajando o en las reuniones se paraba en medio de la sala observando atentamente a cada uno de los presentes. Hoy fue unos de los días más tristes que he vivido, mi gatito antes de morir no había llegado a cumplir dos años, pero personalmente sentía que paso más de sus siete vidas junto a mí, me escuchaba como si me conociera, y permanecerá para siempre en mi corazón.

8 pensamientos en “Mon chat-mari

  1. Que bello Hipolito, lo mismo me pasa con mi pakita es mi primera gata siempre tuve gatos y no se ella es super cariñosa, detallista y hace sentir a los demas que ella es la dueña de todo, incluyendome jajajaja. Me encanta cuando viene y se acuesta en mi esopalda y me hace prrrrrrrrrr solo para decirme no te muevas, o cuando como helado de vainilla y viene a reclamar su parte mirandome. Ahh los felinos y sus locuras me chiflan x completo gracias x recordarme por que los amo un abrazo.

    • Son los pequeños detalles que te dedican los que no se olvidan. Como te digo siempre, cuidale mucho a tu Pakita, ellos son la mejor compañia.

  2. Definitivamente fui de las amigas a las que Hipólito cuidó… fui su novia mona y por eso jamás dejó que sintiera las frías noches quiteñas!! duerma en el sofá, en la cama o en el piso… En mi jean dejó su marca y en mi corazón también… Alérgica a los gatos por naturaleza, él está en la lista (de dos gatos) que no contaminaba mi ambiente… Hip&Mona❤ forever!

    • Es cierto, era también una funda de agua caliente viva muy efectiva jeje. Estoy segura que te quiso mucho también, y eso era muy dificil.

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