Encrucijada

La niebla era la única música que los acompañaba. El silencio como su amante, ya hace tiempo se había convertido en parte de la orgía de insensatez que los caracterizaba. El tiempo lo que hacía era barrer poco a poco los rastros de ceniza que dejaban en su camino. Aunque tantas veces, sentados a la orilla del río pedían por lo contrario, el reloj era una esperanza.

Los espacios en común se alimentaban cada vez más de las soledades, pero algunas de ellas eran tan amigables que costaba decirles adiós. Siempre recordarían que el momento culminante antes de saltar por el precipicio del amor fue una traición, era quizás lo que mantenía viva una llama que hace rato brillaba en tonos azules. Salvaron las distancias, retaron a las esperanzas y aun así seguían en pie. René recordaba cuando las malas influencias eran las mejores consejeras y como todo funcionaba. Un reloj de arena, un maullido a la luna.

Pasaron cerca de las vías del tren, era uno de sus lugares favoritos. Violeta cerró los ojos por un segundo y un suspiro se dejó escapar, tenía ya un nudo en el estómago parte de la rutina del silencio. Los dos parecían haber logrado en su vida lo que buscaban, la felicidad era ese elemento que todo su entorno parecía incluir. Entre sus pensamientos un sonido externo se dejó escuchar, era la campana que indicaba que un tren se aproximaba. Hace un buen rato había pasado la tabla de madera que les limitaba el paso al otro extremo. Aquel día René la llevaba del brazo, quizás por su poca afición a caminar cogido de la mano. Otro de esos detalles que detestaba pero que la costumbre le hizo creer que disfrutaba.

El inicio de aquella semana fue agradable, hubo un par de días de esos que entre bromas dejaron que el tiempo pasara. Finalmente la discusión mayor fue por quién lavaría los platos. Casi terminando la semana tras un largo día de trabajo decidieron salir a dar un paseo por los alrededores. Un intento fallido por cambiar una rutina que había hecho metástasis en sus corazones hace mucho. Una imagen agradable se presentó frente a sus ojos, René no pudo evitar moverse al bolso protector de la cámara que colgaba cruzado de su brazo. Violeta solo sintió la adrenalina de lo imposible, en su mente recorrió en segundos un futuro gris y vacio, miro a su derecha y las vías temblaban con la cercanía del tren. René apenas reaccionó, solo sintió la fuerza con la que Violeta lo empujaba a las vías. Las luces del tren en sus ojos fue lo último que alcanzó a ver…

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