Geometría escénica

Poco a poco los vidrios empezaron a separarse, parecían apenas trisados, pero la ruta trazada por la resquebrajadura empezaba a recorrer cada una de las vitrinas que la rodeaba. La indiferencia dueña absoluta de su mente y memorias, no le permitió escuchar el sonido imperceptible que emitía el camino guiando la ruptura. A veces se sentaba en silencio imaginando miles de finales tristes, trágicos y extraordinarios. Cada vez el argumento era nuevo, la historia se reescribía en trazos más profundos ahora. Y sí, definitivamente cada vez estaba más convencida que para poder estropear una amistad o mantenerla, había que conocer tanto a la persona que sus ausencias, piel y miradas eran detectables.

Había pocos que podían leer su mirada. Aun cuando siempre consideró que era uno de sus atributos más obscenos, que podía desnudarla completamente. Con el tiempo aprendió a disimularlos con las palabras. La ironía se volvió su idioma natural. Pero aquella noche, entre el sonido ensordecedor de la electrónica no encontraba esquina pacifica. Había momentos que los tumultos la aturdían. Todos no eran más que espectros tratando de dejar una muestra de sus asquerosas existencias en el universo. Marcando espacios geográficos como babosas en las paredes.

No esperaba una palabra, ya las había gastado todas en ese personaje. En ese guión de una obra que día tras día se reescribía, con puntos altos y bajos. No esperaba su presencia, porque casi no existía, pero aquella noche tenía mucho que declarar.

-Deberías sonreír con más frecuencia, eso te hace ver más linda-
(Paseo por el inconsciente mientras insultaba la falta de
originalidad del tipo)

Su alrededor se transformaba en los granos de un reloj de arena. Pero aquella presencia invisible, esas palabras que llegaban atrevidas por un aparato tecnológico frio y seco no la abandonaban (como una maldición). Y la verborrea salió frustrada como un líquido negro metálico, la tecnología solo lleva a que un día el contacto visual y el tacto sean un lujo. Se preguntaba porque la justicia todavía no condenaba con la pena de muerte a los que consideraban que socializar era comunicarse a través de un teclado y una pantalla.

El espacio seguía mezclándose con los recuerdos. Aparentemente existía un patrón de conducta, si hubiera sido lo contrario, el amigo con el que se encontraba a los dos años no le hubiera dicho el tema sobre el que conversarían en su próxima reunión.

“You know I love it when the news is bad. And why it feels so good to feel so sad. I’m only happy when it rains”

La humanidad hace tiempo que se alimentaba de sombras, esa era quizás la última de las funciones de las babosas. Alimentar una rutina egoísta y gris, de la que solo podía sacarte por momentos la música. La pasión era un lujo que no todos podían pagar. El ginebra sazonaba una escena fría y ajena. Y a su alrededor las imágenes pasaban como en un film en blanco y negro permitiendo que por segundo pueda ver claramente el cubo donde estaba encerrada. Su grito fue suficiente para romper las paredes que la rodeaban.

Advertencia: el siguiente cuento puede ser leído de manera circular. O de principio a fin. Queda a su gusto.

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