Trasnochada

Todos somos, pero es tan difícil diferenciar cuando, como y con quién. Porque siempre llegan esos momentos donde el silencio ahoga con el entorno que parece desvanecerse. Desprenderse de recuerdos al entender que el pasado simplemente se disipó, con nombres y apellidos, con estructuras, deseos. Porque muchas veces creíste conocer, cuando lo que se escuchaba entre dos era el eco de un momento en donde las sonrisas inundaron vacíos con la forma de pozos sin fondo.

No estamos más que un segundo, segundo que alguien descubrió lo que amas, sueñas y buscas. Aún así el horizonte cambia de tonalidades como cada día, develando nuevas palabras, escenarios. Desvelarse noche tras noche sólo para tratar de descubrir.

Construir parecía una misión compleja, quizás completar esos espacios. Los que con el tiempo se van marcando. Hoy por un segundo vi tu sonrisa y recordé, era justamente ese el tono de voz que alguna vez me encontró. Mañana se alejaba, aunque de mi hace mucho dejó de existir. Un poco más de 14 vidas son dos gatos que un me equivocaría otra vez… desprenderse de líneas, palabras dichas, imágenes configuradas. Como las gatas encontraría el camino a casa saltando entre tejados, jugando con las ratas en el camino, mirando de frente a la luna. Restar segundos al tiempo, quizás así me devolvería algo del pasado. Habitaciones de colores, buses incomodos, latas de cerveza y un desorden que no quiere parecerlo.

Haber caminado no era señal de avanzar, ser civilizado como cadena y motivo. Te veía ahora, lo veía a él y había uno al que extrañaba, a Miguel. Siempre lo pensé, mi gato tiene tres patas, yo tengo una menos en el corazón, nos complementaríamos probablemente. Los espacios se convertían en herramientas y las miradas en lenguaje. Era más fácil sentir, así no se carecía de motivos para suspirar.

Ahora el guion era otro. La película se rodaba por minutos, aunque la calidad de video era impecable. Tomarse de la mano era lo único que nos quedaba para salvarnos. Quizás quería que me importe, solo para probarme que era capaz de volver a ser. Pero las sombras no me dejaban regresar, no había más que acostumbrar los ojos a la oscuridad, ver que adelante algo se alumbraba ligeramente. Sí, efectivamente no sé como todavía pasa que a mis novios empiezan a gustarle los gatos.

Era ese momento quizás, cuando descubría que los olvidé, que el tiempo se detenía. Me devolvía los recuerdos en inventario, los guardaba casi inmediatamente en las maletas. Lo complejo era vaciarlas para que el viaje en adelante sea más liviano e intentar que quepan todos en una mochila… (en todo caso gracias por recordarme que me encanta escribir).

Esta canción llegó a mis oídos gracias a una gran amiga, va con las palabras, se las comparto.

4 pensamientos en “Trasnochada

  1. La poesía…

    desborde de sentimiento del corazón

    fluye por la mano inocente

    transmutando su forma etérea

    materializándose en cuerpo físico;

    piel de trazos,

    brazos de letras

    y cabeza de garabatos

    su sangre es la tinta ardiente

    – sombra vestal –

    marca su silueta en el rasgado papel….

    Majinga SXEtto

  2. Sonrío lo mejor que puedo, comprendiendo vagamente que tiene razón, pero que lo que él sospecha y lo que yo presiento de su sospecha se va a borrar como siempre apenas esté en la calle y me meta en mi vida de todos los días. En ese momento estoy seguro de que Johnny dice algo que no nace solamente de que está medio loco, de que la realidad se le escapa y le deja en cambio una especie de parodia que él convierte en una esperanza. Todo lo que Johnny me dice en momentos así (y hace más de cinco años que Johnny me dice y les dice a todos cosas parecidas) no se puede escuchar prometiéndose volver a pensarlo más tarde. Apenas se está en la calle, apenas es el recuerdo y no Johnny quien repite las palabras, todo se vuelve un fantaseo de la marihuana, un manotear monótono (por que hay otros que dicen cosas parecidas, a cada rato se sabe de testimonios parecidos) y después de la maravilla nace la irritación, y a mí por lo menos me pasa que siento como si Johnny me hubiera estado tomando el pelo. Pero esto ocurre siempre al otro día, no cuando Johnny me lo está diciendo, porque entonces siento que hay algo que quiere ceder en alguna parte, una luz que busca encenderse, o más bien como si fuera necesario quebrar alguna cosa, quebrarla de arriba abajo como un tronco metiéndole una cuña y martillando hasta el final. Y Johnny ya no tiene fuerzas para martillar nada, y yo ni siquiera sé qué martillo haría falta para meter una cuña que tampoco me imagino.

    • Hay recuerdos que pocas personas saben guardar con cariño. Me gustó mucho tu relato y me gustaría leerte más. Agradable visita a este espacio y tu aporte. Un abrazo.

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