(des) encuentros (des) afortunados

De esas noches inesperadas

Cuando la mente gritaba más que el alcohol

Pero un repentino golpe de circunstancias te recuerda que tienes corazón

Que vives y que esperas,

Sobre todo que esperas…

Pero no tenía más segundos que entregar,

Los recuerdos que trataban de tener sentido se sumaban

Armando una máscara que por un tiempo funcionó aparentemente bien.

Si, lo confieso, te extraño

Compartirte,

Sentirme entre tus brazos,

Aun cuando aquella noche (mientras observaban) tu me ofreciste un abrazo.

-Otra vez a perder el partido, sin tocar el balón-

Lo más espeso de la historia es que fuiste porque decidí que existas

Quería sentir que éramos,

Que no era otra historia abandonada

Otra canción de amor superficial y sexosa.

Dudaba si te llamé con el pensamiento,

Si mis deseos estrechados entre neuronas y mis segundos liberados de los oficios

Con los que nos engañamos ocasionalmente,

Eran los culpables de haberte visto

-ya no en mis sueños solamente-

Más palabras desperdiciadas,

Y un lugar que siempre consideré mío,

Que por una noche lo convertiste en casa del terror.

Si, por varias horas dejé de escuchar sus palabras,

Un paso demás y terminé en aquella esquina.

Más abandonos, más amaneceres

Aun olvidándote el recuerdo jugaba a las adivinanzas conmigo,

Me recordaste lo que eran las lágrimas,

Los segundos en silencios,

Las imágenes a través de la ventana de un bus,

Y tu mirada.

Dejarte ir era una decisión que tome,

Pero que mantener parecía imposible.

Otra fiesta quizás,

Otra piñata y otras sorpresas.

Armamos el rompecabezas de la historia en desorden,

Y mientras regresabas a casa te pensaría

Mientras lloraba el haber instalado los metros de ausencias entre nosotros.

Me perdí por momentos, me perdí entre tus caricias y mis adjetivos

Mis verbos abandonados yacían sobre nuestras discusiones,

Escondidos atrás de los insultos y los reclamos,

Las inconsistencias, peleas y fotografías.

Conversaciones a entrelineas de sarcasmo

Tardes lluviosas y el calor de verano que venía de lo que sentíamos,

Lo que más dolía era el olvido, el haber perdido la cordura

El imaginar que aún sentías…

No vendería más mi alma,

Quizás el nuevo amanecer regresaría con nuevos ojos, nuevas madrugadas

Y con el descubriendo que por fin desapareciste…

Aunque sea de mi lugar.

Un pensamiento en “(des) encuentros (des) afortunados

  1. Manantial de desaires

    siempre aquí,

    siempre allá;

    cuando duermo de día

    la gravidez de tu piel

    me va tocando sin temor,

    y tu pudor beligerante

    -apoyándose en mi avidez-

    manifiesta su idílico deseo,

    arrebata mis sentidos

    condenándome a vagar,

    vagar por la eternidad

    purgando a cada paso

    mis culpas perennes,

    obligándome a ordenar

    lo que quedó tirado,

    en el desván de la memoria.

    Majinga SXEtto
    y de cirte que te entiendo y me icentifico creo que está demás, cuan dificil es asimilar el olvido, tratar de asimilar el ser “desechables” y no sentirnos estafados es inevitable cuando se puso el corazón practicamente en su totalidad; duele, lastima, lacera, soslaya, debilita, asesina lentamente, tortura, mata….. pero como el Fenix resurgimos de nuestras propias cenizas, tocar fondo en ese sentido y lo demás ya solo es subida, como dice el maestro “… si ya no puede ir peor haz un último esfuerzo y espera que sople el viento a favor..”

    Un abrazo Andre!!

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