Ma Mère

No apoyo la existencia de los días para festejar algo o alguien, para recordar a mi madre, aparte de encontrar mucho de ella en mí, apenas despierto puedo ver en mi velador su foto o buscar el origen de muchas de mis principios y gustos personales. Uno de los rasgos que más le agradezco es el haber cultivado en mí el gusto por la lectura, llevarme al menos una vez a la semana a la librería para comprar cinco libros que lograba acabar en menos de dos días y festejar cada uno de los poemas simples que le hacía de niña como si fuera el más hermoso del mundo.

Muchos dicen que tengo su nariz y sus cejas, su tono de piel se mezcló con el de mi papá y con mis hermanas todas tenemos un color típicamente “latino”. Mucho tiempo pensé que no la tuve junto a mí el tiempo suficiente, pero dejé de preguntarme porqués hace años ya. Quizás si la perdí pronto, quizás no. Lo que sé es que la tuve cuanto la necesitaba, que la extraño, la respiro y rezo secretamente cada noche conversaciones con ella. Supongo que la fecha me puede dar una excusa para revivirla, como en muchos de mis sueños, imaginarla mientras me observa y guardar la esperanza que un día la haré completamente feliz y orgullosa. Este poema de Gioconda Belli representa más que cualquier otro lo que siento por ella ahora.

2013-05-01 12.09.04

Hija a punto de matrimonio

Por: Gioconda Belli

En el despertar

cuando la luna se había guardado

y también el dolor abandonaba mis piernas

y mi vientre

apareciste vos,

criatura alumbrada por mí.

Acuñada en mis brazos

sonrosada y exhausta tras tu atropellado viaje

de astronauta viajando entre mis carnes

me miraste con ojos soñolientos.

Y te vi sonreir

como si supieras que me conocías

como si vos también, igual que yo,

hubieses imaginado el rostro ese

que te miraría.

Niña que viniste a mí

convocada por un deseo más grande que la razón

o los augurios

ahora eres una mujer con sus quebrantos

y sus alas

Que me reclama la dicha y la plenitud.

Callada entre tus ocupaciones

igual que lo haces todo

certera y sin espavientos

te alistas

para emprender otro viaje

el del amor

el de la pareja.

Entre preparativos

vestidos, razones de menú, flores y los regalos

minuciosamente y con dulzura aliñados

para los huéspedes

vas y vienes del consultorio a la casa

con tu rostro de muchacha.

Calladamente soy testigo de tu vida

Calladamente te quiero

6 pensamientos en “Ma Mère

    • Recuerdo que te conocí primero por este espacio y las letras en tu blog, me alegra profundamente que todavía nos leamos aparte de los contactos tecnológicos (ya que estás lejos). Un abrazo.

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