De los éxitos personales y otros demonios

Quiero comenzar este relato confesando que gran parte de mi vida ha estado marcada por la inestabilidad, lo fugaz que dure poco, pero con el tiempo mucho ha cambiado. Todos tenemos nuestros pequeños y grandes demonios, así como nuestros triunfos y el mío vino con un importante descubrimiento.

Comencemos por decir que para mí el estudiar en la universidad no fue prioridad después de graduarme del colegio, noticia que no le agradó a mi padre cuando decidí unilateralmente que quería tomarme un año sabático e irme de intercambio. Para el intercambio si requería su apoyo, pero no estaba convencido. Supongo que vio mi decisión cuando comencé a trabajar demostrándole que definitivamente ese semestre no entraría  a estudiar. Poco tiempo después me fui a pasar una temporada en Francia , pero esa es otra historia. Al acabarse el intercambio volví esperanzada con entrar a la Católica, pero no pasé la prueba y como segunda opción, sobre todo por el hecho que mi colegio tenía convenio con la UDLA, terminé becada ahí. Pasó un semestre en el que lleve una vida universitaria relativamente divertida. Al terminar el semestre mi papá falleció con cáncer y la posibilidad de seguir pagando esa universidad se complicó y me retiré, volví a trabajar y pase un semestre fuera cortando mi primera incursión en los estudios.

Poco después y con el apoyo de un profesor al que estimo mucho, entre a la Universidad Central. Lo que quería estudiar siempre estuvo claro para mi, amaba la comunicación, siempre me encantó escribir. En la UDLA seguí periodismo, en la Central era Comunicación, pero seguía haciendo lo que me gustaba. Siempre fui una estudiante sobre el promedio, la prueba estaba quizás en que incluso al pasar ebria gran parte de los dos años que estuve en la Central, siempre tuve excelentes notas. Excepto por cuarto semestre, en el que por no querer hacerle un “favor especial” a un profesor perdí una materia, seguido por una serie de situaciones de injusticia y de poder, en las que la Universidad Central dejó de parecerme genial.

Finalmente llegué a un punto decisivo en el que con seguridad perdería una materia con una profesora que demostró que no le importaba ayudarme, inclusive si iba ya a una tercera matrícula. Nunca tuve claro cuál era mi rumbo, en todo este tiempo simplemente vivía y exploraba. A pesar de mi situación en la que no tenía ninguno de mis dos padres y tenía 20 años no veía como prioridad el tener un título para salir adelante, para superarme, para lograr algo más de mi vida.

Volví a quedar en el limbo, si seguía en la Central perdería esa tercera matrícula y tampoco podría acabar. Habiendo pagado un poco de deudas mis hermanas me indicaron que podrían ayudarme a entrar a la Universidad Saleciana, a seguir otra área de la Comunicación que me pareció interesante. No tenía muchas opciones en la vida en ese momento, pero tomar una decisión siempre era complicado y permanecer en el limbo parecía una excelente opción. No pude ingresar a la Saleciana justamente por aquella materia que me causaba pesadillas. Volví a la UDLA, me tomó el doble de tiempo y todo lo que había hecho antes pesó muy poco. Hasta cierto punto era fácil seguir siendo una estudiante de 24-25 años con compañeros de 18, la vida universitaria no estaba remotamente cercana de la vida real. Sí, en algún momento egresé de la universidad pero hacer una tesis no era mi prioridad, era algo a posponer, era el fin de una era y una etapa en la que todavía estaba siendo protegida, aunque sea por mis hermanas. Desde que egresé me tomó dos años, materias extras y tres temas de tesis concluir con este ciclo.

Hace más de un año me vi por fin con la necesidad de ser algo más, de entender que entre mis sueños estaba el ser profesional. Sí, probablemente no me aseguraba que conseguiría un trabajo o que sería mejor, pero era un reto que pospuse tanto tiempo que era el momento de darle vida. Me costó tiempo, esfuerzo, dinero y lágrimas. Tome la decisión con la parte de mi herencia tomar un año sin trabajar en el que concluiría la tesis, sin excusas, sin inconvenientes, invertí parte del patrimonio que dejaron mis padres en lograr una meta que en ese punto era necesaria. Así fue que tras largos y complejos momentos en su desarrollo, tras cientos de dificultades y complicaciones logre terminar mi tesis en diez meses y cuatro después, defenderla frente al tribunal.

2014-02-20 15.53.34

La vida con un orden poco a poco dejó de ser algo que temer, ahora podía aspirar a más, enfrenté uno de mis temores, logré sacar adelante un proyecto personal que a mis ojos me hacia una mejor mujer, me mostraba que era valiente. Poco me importaba que para el resto sea así o no. Este ciclo de altos y bajos, de caminos en zigzag y rectos llegó a su final en febrero, cuando en una ceremonia de grado bastante emotiva recibí el título. Ya sin temor, observando un papel que para mí era el punto en el que cumplía un sueño personal y de mi familia. Era la prueba de que podía concluir un ciclo de vida, que la inestabilidad ya no me tentaba y que no podía ver los límites. Este momento marcó un hito con el que me probaba a mi misma que hay cosas que se pueden superar, que incluso pueden faltar personas en tu vida, pero eso no limita tus aspiraciones. Ahora puedo entonces seguir adelante conquistando el mundo y persiguiendo cualquiera sea mi siguiente paso.

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