Bailar, creer y sentir la música

Hay poco en lo que creo pero probablemente lo único sin lo que puedo vivir es música. En esta oportunidad la música iba a ser parte de una aventura que no esperaba me permita experimentar tanto. Creo que fue por noviembre del año pasado que el bichito de lanzarme a hacerlo me picó. Entre toda la información que uno ve en Facebook encontré un festival llamado Estéreo Picnic que prometía mucho. Las ganas se quedaron ahí pero no fue hasta diciembre que se hizo más real, tenía mucho dinero que ahorrar. David, un amigo al que quiero mucho, vive en Bogotá. Generalmente nos vemos en Navidad y para hacer corta la historia él me dijo que ya tenía las entradas (morí de envidia) y que si me animaba me podía recibir allá. La verdad, haciendo cuentas alcanzaba, en menos de dos semanas de su regreso le envié el dinero para que compre mis entradas.

 

Con las vacaciones pedidas en el trabajo quise aprovechar el tiempo para no ir solo los días del festival, sino quedarme una semana por Bogotá. Mientras aterrizaba el avión yo escuchaba safe and sound en mi mente, hay una emoción especial en llegar a un lugar nuevo y desconocido que no tiene comparación. Mi bienvenida fue probablemente parte de lo más memorable. David tenía una comitiva de amigos que me dijeron que estaban bebiendo desde la tarde y ya que yo llegué a las 21h00 tenía que igualarme. Pues así paso y de qué manera; fuimos a farrear a una de las zonas rosas cercanas, bailamos y bebimos. No tengo mayor memoria de a cuál bar entre, o qué tomamos, pero recuerdo solo haberme reído y bailado hasta perder el sentido. Vagamente recuerdo que una amiga me dejo en cama y morí. Sorprendentemente la mezcla de tequila, cerveza, aguardiente y vodka no hacen buen efecto. Al día siguiente pasé la mitad de mi día en cama pero se pudo disfrutar de una película y cena deliciosa en El Corral Gourmet.

Museo de Botero

Centro Cultura Gabriel García Márquez

Centro Cultura Gabriel García Márquez

Comenzaba la semana y tenía que aprovechar el tiempo. El primer día fue de Centro Histórico (sin incurrir en mayores detalles sobre mi aventura de moverme en Transmilenio y pasar más que perdida) visité la Plaza de Bolívar, el Centro Cultura Gabriel García Márquez, el Museo de Botero, de la Moneda, del Oro. Dentro de las grandes distancias de Bogotá todos estos lugares están relativamente cerca. Como algo que tenía que haberse cruzado por mi camino en el Centro Cultura Gabriel García Márquez encontré una exposición dedicada a mi libro favorito de Cortázar, Rayuela. Otro momento inolvidable fue cuando puede ver de cerca un Chagall en el Museo de Botero. En la noche me preparé para ver a una amiga que no veía en años y compartir una linda cena en Balsámico, algo más cerca de casa eso sí.

Catedral de Sal

Catedral de Sal

Capilla Catedral de Sal

Capilla Catedral de Sal

Mi siguiente destino era la Catedral de Sal de Zipaquirá, era un plan algo fuera de la ciudad, con mochila en mano y cámara de fotos cargada partí ese día. Acá se encuentra una Catedral construida en una mina de 200 millones de años. Sin ser necesariamente muy católica conocer ese lugar te puede dejar si palabras por lo impresionante de su construcción, la creatividad y las maravillas que se ven talladas en piedra. Un gran día merecía un gran cierre, esa noche cenamos con David en uno de los lugares más ricos de comida fusión asiática que he probado, cuando vuelva a Bogotá probablemente volveré a Wok. Re-conocerse con las amistades es también una gran experiencia y es parte de lo vivido, teníamos mucho que contarnos, preguntarnos y sobre todo por lo que ser felices.

Quinta Museo de Simón Bolivar

Quinta Museo de Simón Bolivar

Bogotá desde Monserrate

Bogotá desde Monserrate

Al día siguiente conocí más de lo que hubiera imaginado cuando al ir a Monserrate descubrí que la parada de Transmilenio me dejaba en La Candelaria y que a la subida quedaba la Casa Hacienda de Bolívar, que ahora funciona como museo. Increíble vista, ciudad y sobre todo la perspectiva de sentirse tan pequeño, de vivir en un lugar que generalmente nos parece enorme (Quito) y que no se compara con otras ciudades. El momento que puedo resaltar fue poder escuchar ciertas grabaciones de cartas que escribió Manuelita Saenz a Bolívar. Esa noche conocería Usaquén que era algo que me emocionaba mucho y cenaría de nuevo con mi amiga Vivi, no me decepcionó el lugar.

Estéreo Picnic

Estéreo Picnic

Llegó finalmente, jueves y primer día de Estéreo Picnic, temprano empezó a llover y la ciudad se convirtió en un remolino de autos, rayos y niebla que no cambió en el transcurso de la noche. Finalmente estábamos en camino, una parada para recoger a una amiga y comenzamos la ruta. El tráfico era increíble pero la emoción era mayor. Con una recién estrenada blusa de Sex Pistols, que me obsequiaron por venir en el auto de una marca auspiciante, comenzamos a caminar a la entrada. Era una especie de sueño, en mi vida he ido a varios festivales (o al menos lo que yo creí que eran festivales) pero esto no se parecía en absoluto a lo que haya vivido antes. Solo observaba mientras a mi alrededor las personas hacían picnic en el piso en mesas, sillones y espacios adaptados para ello.

Foto de Anamaría Sanchez

Foto de Anamaría Sanchez

Teníamos una agenda con bandas que no podíamos perdernos, con un aguacero que parecía el diluvio, me empape hasta el alma con Julian Casablancas y no fue algo muy satisfactorio. Capital Cities se mandó un show digno de repetirse, tocaron casi todas sus canciones e hicieron que todos las sigamos. No sacaré de mi mente (ni de mi playlist) a kangaroo court que fue con la que comenzaron. En neón podías leer en mayúsculas el nombre de la banda y es cuando la energía comenzó a fluir ¡qué capacidad increíble de subir el espíritu su música! El saxofonista de la banda aparte de sexi, se robo el show con su talento. A ese momento solo recordaba gritar, bailar, sonreír, mientras olvidaba que no tenía una prenda de ropa seca. Cerraron con safe and sound (la que se convertiría en la canción de mi viaje) mientras con todos nos volvíamos una voz que transmitía solo felicidad.

 

Nine Inch Nails seguía en el otro escenario, comenzó a sonar un ritmo familiar mientras algunos reconocimos que abrirían con copy of a con un grito de histeria. No encuentro palabras para describir las luces y desde la sombra, con una chaqueta negra de cuero, salió imponente Trent con su guitarra y los ojos cerrados. También cerré los míos. Todavía no podía creer estar ahí, escucharlos era un extra a mi sueño de ver a RHCP al día siguiente. Otros 40 minutos de concierto épico, con canciones como letting you, the warning, terrible lie, cerraron con head like a hole. No podría llamarle decepción, aunque la única que me faltó fue closer, sobre todo por algo extremadamente “romántico” que podría haber pasado ja ja. Por sobre Phoenix estaba NIN y los dos tocaban en diferentes escenarios a la misma hora, me quedé hasta su última nota y escuche algo de Phoenix sin mayor entusiasmo.

Anthony y Flea RHCP

Anthony y Flea RHCP

Al día siguiente no había más que hacer que prepararse (con mi camiseta de RHCP) comer y esperar al grupo para una nueva jornada musical. Nada más que esta era excepcional, vería por primera vez en mi vida a los RED HOT CHILLI PEPPERS y era lo único que tenía en mente. En la casa sonaban sus canciones desde temprano, como premio hubo pizza de almuerzo (para la cena, y el desayuno del día siguiente). De milagro y corriendo llegamos, a pesar de que el auto en el andábamos tenía pico y placa. Para el segundo día éramos más los pasajeros compartiendo sensaciones, sentimientos y a nuestros grupos favoritos. Llegamos alrededor de las 16h00 y la estrategia era ubicarse en el Escenario Tigo Music donde a la medianoche tocarían los RHCP y no perder el puesto. Llevé mi cámara esta vez, si vería a Anthony por primera vez tenía que fotografiarlo. Al momento de llegar Natalia Lafourcade estaba tocando, no hay mucho que decir un show sencillo y dulce como ella. Éramos pocos escuchándola, una que otra fan gritando…

The Pixies

The Pixies

El día pasó despacio, y yo contaba los minutos y las canciones. En el mismo escenario tocaron después los Monsieur Periné, banda simpática con una onda bastante original, aunque a mi mente no viene una de sus canciones que haya sido memorable. La espera era ahora para Pixies, llovió por un segundo y las personas ya se acumulaban alrededor, podías escuchar acentos colombianos, ecuatorianos, venezolanos entre muchos más. Estaba helado pero ahora el tumulto lo hacía más cálido. El tiempo se hacía eterno, entre banda y banda era una espera de 40 minutos. A las 20h00 por fin venían Pixies. Mi primera impresión ¡¡¡la bajista!!! Era mujer y hermosa, con una flor atada a su bajo. Ella, Paz Lenchantin se veía divina con una pinta vintage y su cabello corto, además tocaba increíble. Frank Black fue menos impresionante, sí sigue siendo igual de talentoso, pero ya se les nota la edad… pero no estaba ahí para criticar sino amar la música. Tocaron 25 temas que no fueron suficientes, abrieron con bone machine y wave of mutilation. Por momentos no sabía cómo todavía estaba de pie, pero tenía que llegar completa a la medianoche. Entre luces rojas, azules y moradas gritábamos la la love you, something against you y se acercaba el cierre. Solo había una que les faltaba y era exactamente esa que están pensando. Comenzó el intro de ¿where is my mind? Y yo cerré los ojos, ya poco importaba el frío o el hecho que iba casi 7 horas de pie. Seguía Zoe, banda de la que no me confieso una gran fan, pero mientras estaba ahí podría disfrutarlos y, hay que decirlo, una gran presentación con luces y hasta fuegos pirotécnicos. Las canciones que mas me gustaron reptilectric, soñé y vía láctea.

Anthony Kiedis

Anthony Kiedis

Y ya, ese era el momento, 40 minutos de más espera y vería a los Red Hot Chilli Peppers, todavía no sé cómo no perdí la conciencia. La fatiga llegaba a niveles que no imaginaba y aún con los zapatos más cómodos del mundo apenas me sostenía en pie. Solo bastó que comience un intro para reconocer el bajo de Flea y volar. Todo su concierto tuvo un número increíble de intros, en donde ninguno de nosotros sabía que canción vendría, pero igual coreábamos el nombre de la banda. Intenté sacar fotos pero los que veíamos el show ya éramos una gran masa de gente que saltaba. Abrieron con el cover de Stevie Wonder higher ground y con Dani California. En un segundo recuperé mi fuerza y no me importaba las horas que pasaron. Grité todas; otherside, factory of faith, snow, parallel universe, californication, con by the way quisieron irse pero no los dejamos. Anthony y Flea saltaban por todos lados, con cámara en mano hacia el intento de sacar una foto que no esté movida, que fue casi imposible. Nosotros también saltábamos, solo recuerdo ser llevada por el grupo sin importarme que pase porque ¡los estaba escuchando! Después de pedir otra Chad salió y se sentó en su batería, un solo genial en un intro para las que serían las cuatro últimas canciones mauro marimba, sir psycho sex, they’re red hot y give it away. El gran final fue give it away y como lo dieron… se fueron del escenario dejándome algo que no había sentido antes. Las personas empezaron lentamente a caminar como saliendo de un trance espectacular, el rock corría por nuestras venas. No fue difícil encontrar al resto, teníamos un lugar de encuentro. Empire of the sun había comenzado a tocar hace un buen rato, yo quería cazar las únicas dos canciones que conozco de ellos. Otro concierto que definitivamente merece llamarse así, tenían desde bailarines, luces, fuegos pirotécnicos, se cambiaron de vestuario casi por cada canción y rompieron una guitarra en escena. Yo con escuchar we are the people era feliz y lo fui.

Empire of the sun

Empire of the sun

ZEDD

ZEDD

El tercer día prometía menos pero había que vivir la experiencia total, mis amigos morían por los DJs de electrónica que tocarían, yo quería escuchar a Fabulosos. Mis acompañantes no estaban dispuesto a pasar aquel día sobrios, por lo que como aperitivo hubo una botella de tequila. Ahora nos dimos el tiempo de reconocer las carpas que te vendían desde comida hasta ropa, accesorios e instrumentos musicales. Gracias al auto en el que vinimos en días anteriores tuvimos acceso a una sala VIP de Chevrolet donde después de dos días pude ver sentada a Cultura Profética mientras tomaba un café. Saltamos con fuego de Bomba Estéreo, me enseñaron pasos de cumbia, pasamos entre las personas bailando, yo solo fluía sin más en mente. Ya que a los amigos presentes les apasionaba tanto la electrónica supuse que desde sus ojos lo vería diferente y por casi una hora disfrute de ZEDD, viendo como la gente se movía entre las luces. Mujeres medio desnudas, disfrazados, con rayas de neón pintadas en sus rostros. Pero en el Escenario Tigo estaban ya los Fabulosos y tenía que escucharlos. Salte entre los dos escenarios, un rave era algo nuevo para mí también y todos los días se debe probar algo nuevo.

 

Confieso que me faltaron ciertos amigos, mis amigos Fabulosos, mis amigos con los que podía hacer pogo, saltar, gritar. Los tenía a ellos en mente, porque gran parte de nuestra historia estaba marcada por esta banda sonora. La ironía es que parte de estos amigos también fueron al festival pero nunca los encontré. Sonreí con Fabulosos por un rato y si por mi hubiera sido para mí estaba terminado el día, pero había algunos fan de Tiesto. Supongo que escucharlo fue otro experimento social, que después de una hora pasó. Casi sin sentir mis pies y congelada vimos los fuegos pirotécnicos de cierre. Omito el drama ocurrido con el taxi de vuelta que no encontraba el lugar donde recogernos e incluso la parte en la que yo tuve que guiarlo cuando mi amigo estaba borracho y dormido a nivel inconsciente y yo no recordaba bien su dirección.

 

Resalto el que cuando esta borracho David puede ser muy divertido y que a pesar de medir más de dos metros me tocó dejarlo acostado en su cama y tapado, ahí es cuando adopté el apodo de “vecina” con el roommate de una semana. Las horas ahora si eran cortas, llegamos tipo 6 de la mañana, mi vuelo era esa tarde. Salimos a comer a Gran Estación y luego de regreso a casa “probaron” mi sentido de la ubicación, que para los que me conozcan, saben que es terrible. En el mismo barrio donde estaba no lograba encontrar el camino de vuelta. Lo bueno era que estaba apenas a unos 10 minutos del aeropuerto, llegué con tiempo y como regalo adelantado de cumpleaños me compré una botella de Tanqueray en el Duty Free. Otra coincidencia de la vida encontrarse con uno de los amigos que debería haber visto en el concierto en el mismo avión y en vez del bus de 40 minutos de Tababela a Quito, haber podido compartir un taxi. Llegué a casa con menos tres días de sueño, rock en mis venas y sobre todo safe and sound.

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